Neurobics

Ana Teresa Toro

Finales del año 64, sábado, 3:00 a.m.:

- ¡Riiing!

- "¿Doctor Hedderich?"

- "Sí, ¿quién es?"

- "Es la Sra. Toro"

- "¿Otra vez?"

- "Es que el bebé no se ha movido desde hace tres días, estoy preocupada"

- "Ya hemos hablado de esto antes. Hay bebés que se mueven más y otros que se mueven menos, aunque admito que este es especialmente, humm..., tranquilo"

- "¿Vendrá sano?"

-"No sé, pero ahora voy a dormir. Adiós"

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Mediados de 1989, sábado a las 10:00 a.m.:

- "Vente Ana, todo el mundo sube a Sabas Nieves"

- "Es que yo no soy muy deportista"

- "Hasta los niñitos y los viejitos suben a diario, no seas floja"

- "Bueno, vamos"

Una hora más tarde...

- "Sigue Ana, ¡tú puedes!"

- "¡No, no puedo!"

- "¡Dale! ¿Ana? ¡Ana! ¡Ay coño, se desmayó!"

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Este tipo de episodios se ha repetido una y otra vez a lo largo de mi vida.

Sí, no todo el mundo es como las Jiménez. Algunos nacemos con menos habilidades atléticas. Yo, por ejemplo, he vivido una satisfactoria y sedentaria vida, pero no es fácil, la presión es muy grande. Todos los especialistas afirman que ejercitarse es imprescindible para llevar una vida sana y es imposible abrir una revista sin leer al menos un artículo al respecto. Por otro lado, prácticamente toda la gente que conozco hace algún deporte, ¡y les encanta hablar de eso!

Así que anoche me llevé una agradable sorpresa leyendo Newsweek. Resulta que existe un nuevo tipo de ejercicio llamado "Neurobics" (palabra que viene de la unión de neuronas y aerobics, algo así como aerobics de las neuronas) y es perfecto para mi. Consiste en ejercitar el cerebro y hay toda una serie de rutinas que hay que hacer a diario como entrar en la casa con los ojos cerrados, escribir con la mano izquierda, tomar un camino diferente para llevar a los niñitos al colegio, aprender un idioma, etc.

En teoría, esto refuerza las conexiones neuronales existentes y hasta forma otras nuevas, protege contra el Alzheimer, agudiza los sentidos, mejora la memoria y todo esto sin sudar ni una gota.

¡Al fin! Voy a ser una atleta.

Esta mañana, empecé por secarme el pelo con los ojos cerrados. Sí, ya sé, no me quedó muy bien, pero yo visualizaba mis neuronas todas fajadas y me sentía como una campeona, casi quedé cansada. Luego bajé las escaleras con los ojos cerrados y camino a la cocina choqué contra Yanet que no encontraba una manera delicada de preguntarme que hacía yo caminando por ahí con los ojos cerrados. Yo le inventé alguna excusa (seguramente muy ingeniosa, porque mis neuronas estaban afiladas) y seguí directo a buscar la lista de mercado. Encontrar la gaveta fue relativamente fácil, pero al llegar al mercado, me di cuenta de que en lugar de la lista, me había traído el dibujo que me había hecho Fer en el colegio.

Creo que de ahora en adelante voy a dosificar el ejercicio de los ojos cerrados.

Como me sentía tan inspirada, decidí hacer las compras al revés, es decir, empezar por el último pasillo y terminar por el primero. Debo decir que mezclar los deportes con el trabajo no resultó ser una buena idea. Lo primero que metí en el carrito fueron los helados y los yogures, y para cuando estaba metiendo el café en la última hilera, ya el helado iba dejando un rastro de goticas marrones por mi camino. También es que tardé más del doble de lo usual para hacer mis compras que normalmente podría hacer hasta con los ojos cerrados (por cierto, a lo mejor lo pruebo la semana que viene).

Regresé a la casa por un novedoso camino (un tanto congestionado), oyendo Genesis en vez de a Cesar Miguel, a quién dejé descansar por hoy, y llegué bastante cansada y con la leche ya vencida.

Había comprado sólo algunas de las cosas que necesitaba y tuve que regresar con la lista a comprar el resto (esta vez al derecho).

Siguiendo el consejo de uno de los expertos, había guardado las llaves en un lugar diferente al acostumbrado, con lo cual me quedé afuera de mi casa más de media hora mientras Yanet terminaba de limpiar los baños de arriba. Según ella, no había oído el timbre ninguna de las 238 veces que lo toqué.

A estas alturas estaba sudando más que la vez de Sabas Nieves...

He debido suponerlo. ¡Esto no era más que una hábil trampa para reclutarnos!

Ana Teresa Toro


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