- Buenas tardes: Yo Vine A Comprarme Una Franela de “Los Caribes de Oriente Base Ball Club”.
- ¡Upa!
Así me dijo el vendedor de la trigésimo quinta tienda deportiva a la cual entré con mi insigne amiga Xiomara Moreno. Ella sí que conoce el valor de la amistad; siempre está conmigo cada vez que yo me hallo en un apremio (ya sea para salir corriendo a las 7 de la mañana, un dos de enero, a buscar un tensiómetro; o acompañarme al aeropuerto a ver como se retrasa indefinidamente el vuelo en donde viene mi comadre gringa; o a ir al Sambil, Lido, Beco, Centro Comercial Chacaíto, impenetrable laberinto de Sabana Grande (antiguo boulevard peatonal, remember?), El Recreo y, finalmente, ya de regreso, a un negocio en Sebucán. Ahí fue el “¡Upa!” y me mandaron para Maracay. “Allá ahorita están jugando los Caribes. Segurito que encuentra una camisa con los buhoneros”. (Pallá no fuimos).
¿Pero a qué se debe este súbito frenesí beisbolístico? A que desde hace unos años yo andaba huérfana de equipo. Como yo soy bastante ilusa, he aquí lo que escribí al día siguiente de las elecciones aquellas en las que ganó el Señor de Las Cadenas: «¡Qué delicia un país sin adecos, ni copeyanos, ni Leones del Caracas! Pues con un presidente pitcher y magallanero, lo menos que pueden hacer los Navegantes es ganar en fila durante el próximo quinquenio, Serie del Caribe incluida». Sí, lo reconozco, no sólo cándida, sino también, magallanera. Pero magallanera sólo por el placer de llevarle la contraria a La Caraqueña Principal de mi mamá.
Entonces llegó el día en que Este-Señor juró sobre “La Moribunda” y ahí mismo yo lo vi todo clarito y me dije: “Ay, él a mí no me representa. Es más, él no tiene ningún interés en representarme. Ni a mí ni a un montón de venezolanos”. Entonces… ¿cómo pertenecer al mismo bando peloteril? De allí en adelante comenzó mi orfandad y peregrinación en busca de un béisbol-clú en donde cifrar mi entusiasmo y espíritu de contradicción. El Caracas, ni a palos, pues siempre me han caído de la patada. Igualitos que los Yankees de Nueva York. Sorry. Los Tigres la verdad es que no me dicen nada. Las Águilas es para zulianos. Pastora… yo no quiero saber nada que tenga que ver con llanos. Los Cardenalitos era el equipo de mi perro Vaduz (un dóberman con mentalidad de ovejita de nacimiento de Belén). Los Tiburones, era el de mi primo José Ignacio, y sigue siendo el de Lila y de María Antonieta. Entonces -¡oh!- reparé en algo llamado “Caribes de Oriente”. Mi nombre empieza por Car…; pienso que el mar Caribe es lo máximo, hasta el punto en que deseo ser cremada (cuando llegue la hora, por supuesto) y esparcida entre el Gran Roque y la Pelona de Rabuskí; los cinco primeros años de mi vida los pasé en la urbanización Caribe (¿saben Tanaguarena?); supe que la sede de mi equipo está en Puerto La Cruz y mi papá era de Puerto…Rico y eso también es Caribbean Sea.
¡Yasta! ¡Soy del Caribe!
La franela aún no la he encontrado, pero mi amiguísimo Nestico tan bello- prometió acompañarme a un juego tempranero en el stadium universitario cuando Los Caribes vengan a Caracas. Iremos sólo a comprar mi franelita. También, y sabiendo que soy abstemia, me propuso tomarnos unas cervecitas bien frías y luego, lanzarle las botellas vacías a los fanáticos del equipo contrario.
A todas estas, en esa romería de tienda en tienda, cada vez que me enseñaban camisas, gorras, cintas, banderas y periquitos de Los-Eternos-Rivales, yo exclamaba con desdén: “¡Ah, esos equipuchos!”
Xiomara, mientras tanto y tras haberse cuestionado reiteradamente la existencia de los Caribes, era feliz, porque uno de sus sueños más preciados y accesibles- era comerse un chicle Bolibomba Splash con sabor a Kolita… y en eso estaba.
Yo todavía no tendré franela, pero ya tengo afiliación. Amistades resteadas y afiliación.
Publicado el lunes 19 de enero de 2004, en el vespertino EL MUNDO