¿Por qué el mar es salado? ¿Por qué las bicicletas, cuando tú estás pedaleando, se mantienen en equilibrio y cuando te paras, se caen? Si yo tengo una luz prendida en un cuarto y la apago
¿qué se hace esa luz?, ¿para dónde se va? ¿Y por qué los papagayos son de esa forma? ¿Por qué tienen rabo? ¿Cuál es la aerodinámica de una comenta? ¡Y el yoyo! ¿Por qué el yoyo sube? ¿Por qué él hace su carretera en la medida en que se va desenrollando y se construye su propio camino?
Hijo, necesito que me expliques de una manera sencilla, que yo pueda entender y en este momento, ¿por qué una plancha, plancha?
Esas eran algunas de las preguntas con las que Aquiles Nazoa despertaba a Raúl Estévez a las tres de las madrugada. El muchacho estudiaba física, allá en la universidad de Stanford y la verdad es que las 3:00 a.m. podían ser algo muy relativo. En Caracas, el poeta no tenía noción del tiempo (¿cómo sería eso de que las tres fueran las seis simultáneamente?), sino la urgente necesidad de saber. Lo importante era averiguar -¡a la brevedad!- por qué una plancha planchaba y por qué había sal en el agua de mar.
Y es que a Aquiles nada le era indiferente, todo le interesaba comenta Zoila Castillo con los ojitos brillantes. ¿Y a qué se debe su entusiasmo? A que recibió una tarjeta de invitación en forma de colorido sacapiojo- y asistió al la exposición Aquiles Nazoa, el hombre de las cosas más sencillas en el Centro Cultural Provincial en La Castellana.
Más que una exhibición es un regalo lleno de ternura; un bálsamo delicado; una muestra altamente conmovedora y emotiva en donde queda expuesta el alma de Aquiles y el alma de todos nosotros.
A los Nazoa los conocí cuando era niña y hace poco supe que habían sido muy pobres. ¿Pero cómo? ¡Si en esa casa había un calidoscopio!, exclamé. Y es que desde mi perspectiva infantil tener calidoscopios, perinolas, sombreros, caballitos de madera y un estereoscopio era señal de infinita riqueza.
Estos tesoros de Aquiles nos los ofrece la Fundación Provincial. Muñecas, lámparas-de-aceite-de-Aladino, juguetes de lata, máscaras, su máquina de escribir y sus patines. Porque Aquiles volaba como Mercurio dentro de su apartamento, y Ana Black nos lo interpreta: Se tenía que montar en patines para ir a la par de sus ideas y de todas las cosas que se le ocurrían.
Aquiles, con sus preciosas pertenencias, sus fotografías y sus escritos volvió con su amor y humor de siempre- para reconciliarnos con la vida.
Publicado en Tal Cual el jueves 2 de octubre de 2003