Metrosexual

Alejandro Luy

Bueno, es verdad que cada quince días, antes de ir a la playa, me depilo completamente el cuerpo para que no me quede el más mínimo indicio de vello en piernas, torso, axilas, cuello, mejillas, espalda y nalgas.

Y para esos días en la costa me llevo mis pareos, uno verde-amarillo que me compré en Brasil y el otro azul con pececitos, similares a los que usa el buen mozo futbolista inglés David Beckham.

Cuando no me puedo apartar de la ciudad me basta ir un rato a tostarme en una lámpara solar, o sino untarme con un maravilloso autobronceador. ¡Que maravilla es la tecnología cosmética!.

También es cierto que semanalmente acudo al centro de belleza y me hago manicure y pedicure, para tener las uñas limpiecitas, simétricas y cubiertas de su esmalte. Hace dos meses, allí me hicieron estos reflejos dorados en el cabello que resaltan el color de mis ojos, y ocultan unas primeras traviesas canas.

Tres veces por semana voy al gimnasio, dos repitiendo rutinas para definir mis músculos y una para hacer bailo-terapia con Jesús un moreno que se mueve que es una maravilla. Eso me quita el estrés que me produce mi exigente trabajo.

Es allí donde he conocido a mis mejores amigos, quienes comparten mis mismos gustos y entretenimientos. El otro día nos dimos cuenta de que todos usamos zarcillos de oro o con brillantes, y tenemos collares y pulseras de distintos tipos. Fue una coincidencia muy emocionante.

También tengo amigas. Las que me cortan el cabello, las del restaurante que frecuento y una que otra en la oficina. Ciertamente la mayoría de ellas son o gordas o feas o viejas, o todas las anteriores, pero sienten gran aprecio por mí. Conozco a algunas modelos y misses, pero no tengo novia, porque me siento un alma libre. ¿Por qué eso habría de causar sorpresa?

Mi abundante cabellera, que sólo mantengo con los mejores productos importados, suelo recogerla con cintillos de vistosos colores cuando subo por Sabas Nieves o paseo por el Sambil. Les confieso que me gusta combinarlos con los shorts. Las franelitas siempre son blancas.

No creo que deba ocultar que utilizo maquillaje para hombres, de la marca que promociona Ben Afleck, si el ex-novio de la JLo, pero sólo para la fiestas de sábado por la noche. Luego uso unos productos costosísimos para limpiar e hidratar mi rostro, que quiero mantener joven y sano.

Con un poco más de treinta años, aun vivo con mi mamá, tengo la letra bonita y preparo una salsa de pasta para chuparse los dedos.

Así que no tengo dudas. Yo soy metrosexual. ¿O no?

Nota al margen (del humor): Ana y Kico, les cuento que me la están poniendo difícil.  No ustedes, no se preocupen. Las "circunstancias" son las que me están jodiendo.  Porque uno es un venezolano, no un marciano, y bajo este clima es duro pensar en humor.  Debe ser que no me inspira la violación de los derechos humanos, ni los venezolanos muertos por la violencia política (tampoco por la inseguridad, pero a lo mejor ya me acostumbré), ni la anarquía, ni las instituciones que dicen defender nuestros derechos pero actúan justamente en contra de ellos, ni el cinismo de muchos personajes públicos.  No puedo practicar eso que algunos conocidos llaman "la política de la alegría".  Si tengo que pedir taima, les aviso.

Alejandro Luy

Artículo publicado en el diario El Mundo el 4 de marzo de 2004


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